Andrès Riveiro’s Weblog


Claroscuro sobre las mareas y los verdes prados.
17 noviembre 2009, 19:22
Filed under: horticultura | Etiquetas: , , , , , ,

Estos días han sido días de claroscuro , el frío gris ha inundado la luz de los días, la escasa luz oscurecida por negros nubarrones tormentosos y continuos chaparrones. Los vientos han aullado el terror y el llanto de los tritones, plomiza e inmutable cae la lluvia sobre anegados campos, situados en verdes valles que inundan los ríos saturados del celestial plañir .Los molinos desbordan sus aspas por ese eterno de los cielos caer, los prados saturados sudan la fría lluvia que ya no puede ahogar y dichas aguas resbalan hasta un bravo mar, que con fiereza las escupe contra milenarios granitos que la vomitan al cenagoso ponto tenebroso. Los días se tornan mas a la oscuridad que a la claridad, en un gris húmedo que llega a los huesos . Si miramos atrás en el frágil vaho de la memoria, recordamos que siete años atrás, en días tormentosos habituales en estas fechas y estos lares, un barco de frágil casco, perdió su gobierno. La perdida de la gobernabilidad de la nave, así como la apertura de vías de agua en el casco provocan que el buque se parta a la mitad y se hunda. El hundimiento de dicho buque provocara la mayor catástrofe sucedida en estas costas en todos los tiempos . Este trágico accidente provoca el inmediato y letal luto en todos los seres que habitamos estas verdes tierras y sus feroces costas míticas. Es un luto fétido, denso, letal. Es un luto teñido del mas oscuro de los tonos negros, un luto que evoca lúgubremente el llanto, un luto provocado por la pestilente carga que transportaba el buque petrolero siniestrado. Una carga oscura, densa ,cenagosa, pesada fétida y letal, que ahogaría mortalmente nuestro litoral y a todas las criaturas que habitamos en él. Un apestoso lodo de fuel-oil acabaría con los sagaces picados de nuestros cormoranes, llevando de un trágico golpe todo rastro de vida en nuestro mar y en sus alrededores, arrasando flora ,fauna , paisaje y una precaria economía ya siempre pendiente y dependiente de la mar. Sobre estas fechas a estas horas hace siete años el fétido olor de la mortal carga contaminante ya irritaba nuestras narices y hoy he decidido enterrar en el olvido y condenar el nombre de tan siniestro buque mercenario. También prefiero sumir en el olvido a lideres políticos que dieron ejemplo de su ineptitud y espíritu falaz, que hoy ocultan sus mentirosos labios leporinos en la villa y corte del Reino de España, donde sin duda ejercen bien de villanos y cortesanos. No olvido que siete años después del mayor desastre ecológico del recién estrenado siglo XXI, la justicia aun no ha determinado la responsabilidad de tan necio y apestoso asunto, con lo cual nadie ha pagado la culpa del daño ocasionado. Hoy en día siete años después ese siniestro buque de larga eslora que nos partió nuestras vidas sigue contaminando y mancillando nuestras verdes costas con su letal marea negra.
De este día con claroscuros, de negros chaparrones en el horizonte, con memoria oscura que prefiero difuminar en espeso olvido. En este día de hoy en el cual,también ha habido claros, unos claros que me han permitido pasear por mi mal llamado césped y contemplar la sinfonía de colores otoñales que dejan las hojas tiradas por el prado. Unas hojas que aprovechando el claro y el paseo he recogido para alimentar el compost, tras pasar el abanico de alambre que las ha capturado en minuciosos montones, he resaltado mas el verde de la pradera, destacando entre las hierbas que la conforman, una vieja amiga que me muestra la majestuosidad de su flor y hojas. Con sumo detalle observo tan delicada leguminosa, que alimenta mis verdes y mojados campos, me tomo mi calma para observarla ya que en ella se puede hallar mi fortuna, es mas incluso ambicioso la retrato para que si mi fortuna aparece, pueda inmortalizar el momento, cae la lluvia, mi fortuna se disipa. Vuelvo a abrigar mis orejas del aguacero feroz que vuelve a tirar mas hojarasca sobre el prado verde, dando una vez un significado de infinitesimal a las labores de otoño en el huerto, para terminar el cuadro al fondo suena la brava Sisarga quebrando el mar en un eterno latir. La noche cae veloz, ahora las noches son largas y el tiempo existe para subscribir la bitácora intermitente y pendiente del eterno cronometro. En estas frías y húmedas noches incluso el medir del cronometro se dilata, pudiendo dedicar unas breves lineas a nuestra invitada de hoy que tiene el nombre tan sugerente de Trifolium pratense. L , esta modesta leguminosa abundante de fácil reproducción por semillas y que gusta de suelos esteriles para fertilizarlos, es una forrajera apreciada por los ganaderos, en calderos de druidas se convierte en remedio para sofocos, bálsamo de ulceras y quemaduras. Le gusta habitar en pastos de siega y pastoreo, en ocasiones también se les suele ver entre los dientes de un pequeño duende que viste de verde y que allí donde se inicia el arco iris guarda una olla de oro. Si habéis llegado hasta aquí sabed que os deseo que encontréis un trébol de cuatro hojas. Este es un post escrito en un lluvioso día gris, destemplado, donde los sueños claroscuros de hechos acaecidos siete años atrás, hacen que aun vierta lagrimas negras por esa verde mar que un día fue marea negra, siete años atrás.

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